Un día cualquiera

CC by Lloyd Morgan @ Flickr

Un día cualquiera. CC by Lloyd Morgan @ Flickr

Era un día cualquiera. No recuerdo la fecha, sólo recuerdo que lucía un sol primaveral esplendoroso, y ahí me lo encontré, en una esquina, sentado en la acera apoyado contra la pared. No era un indigente, pues llevaba traje y corbata. Ahí estaba, llorando, con las manos cubriéndose el rostro.

Cuando pasé por delante levantó la vista con los ojos llenos de lagrimas y me miró como rogando. Desaceleré el paso y dudé por unos instantes si parame o seguir adelante. Continué mi camino pero no sin seguir mirándole a los ojos. Eran unos ojos tristes, azules de cristal que pedían ayuda y comprensión. Pero no paré. Pasé de largo porque sabía que no habría manera de consolarlo cualquiera que fuese su problema.

Y así hay muchos, o somos todos en el algún momento. Seres que lloramos en alguna esquina, compungidos tras una tragedia personal, mientras el mundo continua ajeno a nuestro dolor.

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