“Sacas lo peor de mi” y otras palabras que se lleva el viento.

Por más que lo intente no recuerdo las promesas que me han hecho porque sé que son tan difíciles de cumplir que mi cerebro no las computa, las deja pasar y se las lleva el viento. No tanto así me ocurre con las palabras hirientes aunque hayan salido sin querer, y que quizá sean esas mismas las más honestas, las que salen sin filtro, las verdaderas que se quedan.

Hace un par de meses me dijeron para mi asombro algo que me dejó helada: “Sacas lo peor de mi”. Me dejó heleada porque no suelo hacerle la vida imposible a nadie, y dejo hacer y deshacer con toda libertad. No se me ocurrió indagar el por qué de tal frase pues me dejó sin habla. Estas palabras son las que se quedan o regresan y entristecen. Las tengo que dejar marchar al igual y con tanta facilidad como las vacías promesas, pero no sé hacerlo. Algo se resiste a soltar aquella frase.

Confío en el tiempo que es sabio y decidirá qué palabras deben marchar y se encargará de difuminarlas, borrarlas, y cuales quedarán para marcar el camino.

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