Las hermosas despedidas en un andén.

Debió quedarse todo en la estación. La locura mezclada con la adicción a una historia ridícula, sin sentido y mal nombrada, que le pudo a la sensatez. Como suele ocurrir, no escuchamos nuestros propios consejos, esos que vienen de la intuición, que se esconden en la boca del estomago pero es ignorada como si tan solo se tratara de un ardor.

Debí subir y no volver. Ahí quedaba escrito todo un buen capítulo. Las historias que terminan en andenes son las mejores despedidas. No me gustan los aeropuertos abarrotados con anuncios constantes de próximos vuelos y cancelaciones, que dejan un sabor amargo y las despedidas a medias.

Algo hermoso tienen las estaciones, que te dictan que es mejor montarse y dejar atrás aquello que fue. Los errores, o bien aquellas cosas que con el tiempo matan las ilusiones. ‘ Vete en paz y sigue tu camino,” y alentados por el hermoso paisaje que se dibuja a través de la ventanilla, podemos partir.

Yo elegí re-escribir una historia, pintarla de nuevo y dejarla en una estación. Así me quedé en paz y logré despedirme.

Re-escribe tu historia, despídete en tu andén y sigue tu hermoso camino…

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